El expresionismo gráfico de Bernardo Marqués, artista nacido en Cuba y residente en Miami, se mueve más allá de la mera transformación de “la realidad” para revertirla colmada de subjetividades. Para Marqués, graduado de la Academia de San Alejandro de La Habana, es la grafía imaginada la que delinea el expresionismo; Marqués siente atracción por “la construcción” de la imagen. Y, decir atracción, es reparar en esa fuerza supernaturalis que nos arropa desde que nacemos y que aprendemos a reproducir a medida que envejecemos, o sea a medida que evocamos nuestras propias imágenes de las cosas, las mimamos, las ocultamos, las compartimos y usamos para depositar en ellas nuestra fe; es así, como les permitimos incluso que nos engañen y nos coaccionen, nos identifiquen y nos guíen; y es así, como también nos desapegamos de ellas o las destruimos en un momento dado. Bernardo Marqués activa el hoc age del que habla Lezama Lima, se apodera de la imago y nos la entrega como una fauve, descarada y sutil, velada y sombría, como la vida misma. Quizás por su condición de exiliado, de ser y no ser ni de aquí ni de allá, es que Marqués se enfrenta a la imagen como un crossover in progress, desenfadado e instruido, cotidiano y global, que sólo se detiene al ser impreso sobre metal, es decir, al mostrarse como una posibilidad rígida ante nuestra mirada. Por tanto, es a ésta a quien corresponde no quedarse alelada ni extasiada ante tal rigidez de lo posible como un simple artilugio estético. Corresponde entonces, a nuestra mirada –a nosotros– no echar un Sightless Pulse con las narraciones visuales de Bernanrdo Marqués, sino sumergirse en ellas y experimentarlas.

Henry Eric Hernández,

España, octubre de 2014.